Relatos sexo primera vez

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  1. Relatos Eróticos, Relatos Porno, Relatos XXX
  2. Relatos Eróticos Hetero Perdiendo la virginidad
  3. Iniciar sesión
  4. Historias reales sobre Mi primera vez - Seventeen Magazine

Mi nombre es Ana, tengo 18 años, Mido 1.

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Unos días después, el colo, me pidió que lo acompañara, junto con el padre a hacer un reparto de vinos, para mí era algo divertido y de paso le daba una mano a un amigo; fue así que estuvimos desde las 17 hasta las 19, mas o menos, entrando y saliendo en 3 o 4 negocios y volvimos a su casa, ni bien bajamos Buenas, les voy a contar mi historia, soy un chico de un pueblo de la Madrid, el 20 de abril fui mi 18 cumpleaños, mis amigos me habian preparado, segun ellos el mejor regalo que se le puede hacer a un chico virgen por sus 18 años, yo algo me imaginaba. Durante la tarde nos fuimos a un local de copas Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario.


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Nunca habíamos tenido sexo por que era virgen aunque el no. Empezamos a bailar y note que entre mas tiempo pasaba mas el se pegaba a mi, restregaba su cuerpo contra el mio y podía sentir un bulto en su pantaloneta.

Relatos Eróticos Hetero Perdiendo la virginidad

Me estaba comenzando a humedecer entre el morbo y el baile, cuando note que mi amiga nos estaba mirando mucho así que le dije que lo esperaba en el piso de arriba en 5 minutos. Cuando el subió nos escondimos en una de las habitaciones y yo le contaba lo sucedido.

Lo notaba muy ansioso y un poco incomodo hacia lo posible por taparse la entre pierna eso lo unico que lograba era que me diera ganas de mirar lo que ocultaba. Note un enorme bulto en su pantaloneta lo que me puso muy cachonda, sabia que el no iba a dar el primer paso así que intentando disimular le puse la mano en la pierna diciéndole que lo notaba raro.

Primero me dio mi PERRO después mi PAPÁ

Durante toda mi infancia había sido privada de la mayoría de cosas que tenían el resto de las niñas. Mis vestidos eran sencillos, de telas lisas y colores oscuros confeccionados por mi madre -la manera en que visten las jóvenes despierta la lujuria de los hombres- les escuchaba decir continuamente. Nunca debería traer amigas a casa, ni relacionarme demasiado con ellas.

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Mientras fui pequeña todo me parecía normal, pensaba que todas las familias eran iguales y dado que estudiaba en un colegio de chicas donde todas íbamos con uniforme, no me sentí distinta del resto. Ahora con diecisiete años, veía a mis amigas con una ligera capa de maquillaje y planificando fiestas para el fin de semana y me daban envidia.

Ya habían optado por no invitarme a ninguna, dada la cantidad de negativas que habían recibido hasta el momento. El camino de regreso a casa siempre lo hacíamos juntas mi amiga Luisa y yo, le contaba como era mi vida y ella se horrorizaba.

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Era buena amiga y muy fiel, nunca había contando a nadie como era mi día a día. Una tarde de primavera comenzaron a acompañarnos unos muchachos del instituto mixto del pueblo. Me causaba terror si mis padres llegaban a enterarse, así que comenzamos a hacer el recorrido a través del bosque. Uno de los jóvenes siempre me miraba atentamente y dirigía sus palabras cariñosamente hacia a mí. Me daba mucha vergüenza, yo gozaba de una preciosa melena castaña muy brillante que se ocultaba tras una fea trenza y aunque tenía unos ojos azules intensos me faltaba el brillo que en esa edad debería poseer.

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Historias reales sobre Mi primera vez - Seventeen Magazine

Poco a poco perdí mi timidez hacia él, llegando a permitirle un beso. Me daba igual, no iba a dejar de ver a Carlos, así muriese en el intento Acordamos que el viernes por la tarde con la disculpa de que tenía que ir a hacer un trabajo a casa de Luisa, nos quedaríamos un rato en la cabaña abandonada que había en el interior del bosque. Luisa cubriría mis espaldas. Su mano se guió ahora hacia mi muslo, subiendo lentamente por debajo de mi falda sin dejar de besarme, sus gemidos iban subiendo en intensidad y cuando iba a tocarme mi sexo, vinieron a mi cabeza los discursos de mis padres sobre lo pecaminoso e impío que era el acto sexual.

Llegué a junto de mi amiga que me estaba esperando a la entrada del bosque, colorada y avergonzada, lo cual causo risa en mi amiga. Al día siguiente acepté a hablar con él, me sentía abochornada por la situación del día anterior.